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Rubacava no tiene luz del día, por eso exalta la belleza de su noche absorbiendo la poca luz que dan las farolas de su calle principal e impregna los ladrillos de sus paredes con la dosis justa de reflejo creando una siniestramente bella presencia.
No se la puede encontrar en los mapas pero una vez me perdí y acabé allí. Entre una niebla eterna que la recubre y que disimula un poco la gran soledad que tienen sus calles. Andar por alli es como cuando paseas por una galería de arte y tus pisadas resuenan por toda la estancia creando una atmósfera tenebrosamente atractiva. En este caso las mías suenan más secas pero los ténues ecos que devuelven sus muros hacen el mismo efecto y este se ve aumentado por la oscuridad que te envuelve y que no te deja indiferente.
Cuando uno pasea por allí es obligatorio ir a su gran puente y contemplar el mar dejando el impresionante faro que la gobierna detras de uno y ver cómo se pierde su sombra en el horizonte. Como si ésta se quisiera marchar para no volver más, allí uno se da cuenta de que estamos hechos de algo más que materia simple... tenemos alma. Y quizá lo que mejor defina a rubacava sea eso; una ciudad donde el alma es más importante que cualquier otra cosa.